Guesh, Paladín dracónido
Zohtul.
El clan Zohtul, ese era el nombre de mi clan... Sí, "era", porque ahora ya no existe... todo lo que queda de él está en el fondo del Mar de las Espadas.
Nuestro clan era un clan comerciante que vivía prácticamente todo el año navegando de un puerto a otro sin llegar a establecernos nunca más de 1 o 2 meses en algunas ciudades o pueblos costeros, mientras vendíamos todo el cargamento y comprábamos nuevas mercancías que transportar a otro puerto.
Maldigo la noche en la que íbamos a zarpar de Puerta de Baldur y decidimos aceptar un pasajero de última hora. Pagaba bien... era un viaje corto y la isla Alaron nos caía de paso en nuestra ruta comercial.
Nadie sospechó nada, hasta que fue demasiado tarde. Durante la noche, esa criatura infernal asesinó a toda la tripulación, a todo mi clan... mi familia... mis padres... mi hermana...
Yo aún era pequeño, tenía 4 años... Antes de morir, mi madre me dio su daga, me ató a un barril vacío y me tiró por la borda, confiando en que la marea me acercase hasta la playa... justo entonces vi como esa criatura maligna le arrancaba de cuajo la cabeza... y con el fulgor de la luna vi como sonreía... y esa imagen quedó grabada en mi memoria para siempre. Esos colmillos...
Al cabo de poco rato vi cómo empezaba a arder el barco. Lo que había sido mi casa desde que tenía uso de razón... calcinada y luego enterrada al fondo del mar. Lo único que conservo fue esa daga enjoyada de mi madre.
Su idea para intentar salvarme era buena... pero no funcionó. Cuando llegué a la costa yo ya había muerto, ahogado. Aunque el destino me tenía preparado un giro inesperado. Un sacerdote de Lathander llamado Rhyester, me encontró, se apiadó de mi alma y me resucitó. Me explicó que andaba siguiendo los pasos de un vampiro llamado Lucian, y que había perdido su rastro en Puerta de Baldur, hasta que se enteró de que en la lejanía del mar había un barco en llamas y supuso lo peor. Lo realmente curioso de ese sacerdote es que era completamente ciego, pero no usaba bastón ni le hubiera hecho ninguna falta. Siempre pensé que su dios le relataba todo lo que había a su alrededor.
Después de eso, prosiguió de nuevo su cruzada, no sin antes indicarme un templo de Lathander donde me acogerían con su recomendación. Allí estuve hasta alcanzar la madurez, me enseñaron los caminos de la fe en Lathander, su dogma, sus rezos. También me enseñaron a luchar contra las hordas del mal, y a valerme por mí mismo, con distintas armas marciales, el uso de escudos, armaduras pesadas...
Al cumplir la mayoría de edad, en mi 15º cumpleaños, se celebró un rito en mi honor, en donde se me otorgó el rango inicial de la orden, "Portador del Alba". Allí fue cuando me encontré por segunda y última vez con mi salvador, el sacerdote Rhyester. Nos abrazamos, y le dije que estaba determinado a vengar a mi familia y a llevar la fuerza de Lathander por todo Faerûn.
Conocí a Corvus mientras estudiábamos juntos en el templo. Al principio, éramos desconocidos, con personalidades y objetivos distintos, pero pronto descubrimos que compartíamos una fe y un deseo de ayudar a la gente.
Corvus era un clérigo dedicado y talentoso que solía ir en misiones para ayudar a los necesitados, mientras que yo me centraba en mejorar mis habilidades marciales y defender a los débiles. Con el tiempo, nos fuimos conociendo mejor y compartiendo más experiencias, hasta que finalmente nos hicimos amigos de verdad.
Al poco tiempo de dejar el Templo, recibimos una llamada de ayuda del pueblo de Aldor en donde un noble local estaba abusando de su poder y oprimiendo a la población.
Fue entonces cuando conocimos a Belwyse, un pícaro mediano con una habilidad única para solucionar problemas de manera creativa. Belwyse se unió a nosotros en nuestra misión para derrotar al noble y restaurar la justicia en el pueblo.
Después de mucho investigar y recopilar pruebas, nos encontramos frente al noble local que estaba abusando de su poder, Lord Reginald Blackheart. Blackheart había estado explotando a la gente del pueblo, cobrando impuestos excesivos y amenazando a aquellos que se negaban a pagar. Además, se había apropiado injustamente de tierras y propiedades, haciendo víctimas a numerosas familias.
Con la ayuda de Belwyse, que conocía bien los bajos fondos de la ciudad y tenía contactos en los niveles más bajos de la sociedad, pudimos recopilar las pruebas necesarias para enfrentar a Blackheart. Llegado el momento, confrontamos a Blackheart con las pruebas y le exigimos que restaurara la justicia en el pueblo.
Pero Blackheart no se rindió fácilmente, y en un intento por evitar la justicia, desató a sus guardaespaldas para atacarnos. Sin embargo, entre los tres logramos vencerlos y detener a Blackheart. Finalmente, se hizo justicia en el pueblo y las tierras y propiedades robadas fueron devueltas a sus legítimos dueños. La gente del pueblo estuvo muy agradecida con nosotros y nos hicieron una gran fiesta en nuestro honor.
Desde ese día, Corvus, Belwyse y yo continuamos viajando juntos, luchando contra la injusticia y ayudando a aquellos que lo necesitan, y siempre recordamos la lección que aprendimos en aquel pueblo: que juntos, podemos lograr cualquier cosa.

Comentarios
Publicar un comentario