58. El Poder del Centinela Oculto

13/11/2024

Al acercarnos al hombre que intentaba ocultarse en las sombras, salió al paso, exponiendo su historia con nerviosa franqueza. Nos dijo llamarse Vilnius, un aprendiz de mago. Relató cómo él y su maestro habían venido al templo en busca de poder, solo para enfrentar a las calaveras llameantes en los oscuros pasillos. Vilnius había escapado en el caos, abandonando a su mentor a un destino incierto, y la criatura a su lado, pequeña y demoníaca, era su familiar, una presencia que hizo titubear nuestra confianza. Nos explicó que el bastón de escarcha, que llevábamos, había sido de su maestro, y con una mezcla de petulancia y temor, demandó su devolución o nos propuso un intercambio por un medallón encontrado en el templo. Corvus, con tono firme, le sugirió que podríamos considerar su petición, pero solo si colaboraba para enfrentar el mal que consumía el lugar. Vilnius aceptó, aunque los retazos de su lealtad se mantenían tan quebradizos como el polvo bajo nuestros pies.


Siguiendo nuestra exploración, al norte del templo encontramos una puerta secreta. Esta conducía a unas escaleras que descendían al nivel inferior, donde un hedor a podredumbre golpeó nuestros sentidos. Allí, siete figuras humanoides y deformes, con un tercer ojo en la frente, nos esperaban entre sombras y grietas, moviéndose incluso por las paredes. Al desatarse el combate, Vilnius aprovechó para escapar, pero no había tiempo para darle caza. Corvus alzó su símbolo divino, forzando a varias de las criaturas a retroceder, y yo desencadené el poder de mi maza del terror, quebrando la moral del resto. A partir de ese momento, la lucha fue nuestra; terminamos con cada ser, uno por uno, sin sufrir herida alguna. Al final, encontramos tres vestigios más, susurros oscuros de promesas sin costo aparente, pero no quisimos aceptar lo que estos entes malvados ofrecían. Los destruimos sin más miramientos.

Al abandonar esa sala, vimos que el pasillo estaba bloqueado por un antiguo derrumbe, y no hubo otra opción que regresar a la entrada del templo. Decididos, descendimos por las escaleras hacia la gran sala central. Una voz profunda y antigua retumbó en el aire, advirtiéndonos con furia que abandonáramos el lugar. Sin temor, intentamos un ataque en dirección a la gigantesca estatua que nos miraba desde lo alto, pero pronto supimos el error. Desde las sombras que cubrían su rostro, unos rayos implacables surgieron y se estrellaron contra nosotros. Corvus cayó, fulminado, y Ezmerelda lo cargó mientras nos retirábamos, doloridos y desorientados. Otro rayo nos alcanzó en nuestra retirada, haciendo que Ezmerelda también cayera. Rudolph, entonces, desplegó un hechizo de curación que nos dio apenas el respiro necesario para salir del alcance de la estatua y de su terrible guardia. Exhaustos, decidimos replegarnos hacia la sala de pergaminos, en busca de descanso, pero el aura maligna del templo nos hacía sentir como si la oscuridad misma rondara nuestras almas. Sin otra opción, decidimos huir hasta el carromato, fuera del templo, donde intentamos descansar a merced del frío, despertando con cuerpos cansados y espíritus inquietos.


En la parada, al menos tuvimos tiempo de examinar los objetos obtenidos. La jarra resultó tener el curioso poder de transformar veneno en vino, llenándose una vez al día con esta preciada bebida, sin duda una reliquia valiosa en las tierras áridas de Barovia. 
Pero fue el libro el que reveló el mayor tesoro de todos: el Tomo del Conocimiento, una obra de sabiduría pura, capaz de elevar la comprensión más allá de los límites humanos. Para Corvus, podría ser el hallazgo de su vida, si logramos hallar días de calma para que lo estudie en paz. Durante la noche, nuestras palabras giraron en torno a un único tema: cómo enfrentarnos a lo que parecía insuperable, la abrumadora presencia de la estatua protectora y el insondable poder que custodiaba.


Entrada en formato audio: 58. El Poder del Centinela Oculto


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