64. Liberando a Rudolf del asedio de las Vistani

 24/02/2025

Abandonamos Argynvostholt con el peso de una promesa cumplida y otra todavía pendiente. Un cuervo nos encontró en el camino, trayendo un mensaje urgente: Rudolf había alcanzado la torre de Khazan a salvo, aunque a un alto precio. Para ganar tiempo, se vio obligado a soltar a su tigre, un riesgo que no tomamos a la ligera. De Ezmerelda, nada sabíamos, salvo que su ingenio y determinación podían bastar para mantenerla con vida. Decidimos reunirnos con Van Richten, confiando en que ella se las habría arreglado por su cuenta.

Cuando llegamos cerca de la torre, descubrimos un grupo de Vistani que la asediaban. Dos de ellas montaban guardia, y un poco más allá, se congregaba un nutrido grupo de enemigas, todas con la mirada puesta en la entrada sellada. Corvus y yo intercambiamos una mirada, apenas un gesto suficiente para forjar un acuerdo silencioso. Nos deshicimos de las dos centinelas antes de que pudieran dar la voz de alarma, y con esa misma determinación, cargamos contra las demás, usando la sorpresa como aliada.

La lucha fue feroz, un intercambio de acero y conjuros que tintineaba en el aire cargado de tensión. Justo cuando la balanza parecía inclinarse en nuestra contra, la figura de Rudolf emergió de la torre como un vendaval, dispuesto a socorrernos. Su presencia inclinó la balanza, y juntas nuestras fuerzas deshicieron las filas enemigas. Solo uno de los Vistani no había alzado su arma; en lugar de eso, intentó escabullirse entre las sombras. Lo capturamos, y bajo nuestra insistencia, confesó el paradero de Arrigal, el hermano que se había distanciado de Luvash.

Al final, lo dejamos marchar con una advertencia: que eligiera con cuidado su lealtad antes de que la guerra estallase, pues el precio de la indecisión podía resultar demasiado alto.

Mientras compartíamos detalles con Van Richten, otro cuervo llegó con nuevas preocupaciones. Barovia estaba siendo atacada por un grupo de vampiros comandados por Escher. No había tiempo para el descanso. El sol se despedía tras las montañas, pero sabíamos que la noche en Barovia traía consigo peligros aún mayores. Aun así, partimos hacia el poblado de Barovia sin dudarlo. Había vidas en juego, y la oscuridad no sería excusa para abandonar a quienes contaban con nosotros.


Entrada en formato audio: 64. Liberando a Rudolf del asedio de las Vistani

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