6. Conociendo a Ireena
28/03/2023
Después de un paseo bajo la lluvia por el desolado pueblo de Barovia, llegamos a casa de Ismark, donde conocimos a la bella Ireena, de la cual quedó inmediatamente prendado Belwyse (ya sabemos como es...). La chica se mostró precavida empuñando su espada mientras la puerta se mantuvo abierta, pero al adentrarnos en su casa, pareció tranquilizarse. De todos modos, al verlos tan cansados, nos ofrecimos a que descansasen toda la noche, porque viendo sus ojeras realmente lo necesitaban más que nosotros, pero declinaron nuestra oferta, al parecer no terminaban de confiar en nosotros, la cual cosa tampoco es que me extrañase.
En cambio, por alguna razón, a mí este par de hermanos sí que me transmitían confianza, no sé bien si es por su historia, sus miedos, su rechazo a ese vil ser que parece dominar la región... luego nos dijeron que se trataba de un vampiro... de confirmarse, tendría sentido que mi señor Lathander nos hubiese traído hasta aquí, para luchar contra esa desalmada bestia. Los vampiros son los seres más macabros, despreciables e infames de la faz de este mundo. De todos modos, los hermanos nos informaron de que la bruma que nos teletransportó hasta Barovia, parece ser algún tipo de hechizo que controla Strahd... y que no éramos los primeros aventureros que había traído hasta aquí... quizás sólo formemos parte de un siniestro plan del Conde y que seamos simples títeres en su juego... También nos advirtió que debíamos mantenernos alejados del molino dorado del campo rojo... parece que el mal asola ese lugar.
Los hermanos nos pidieron ayuda para llevar el cuerpo de su padre hasta la iglesia, a lo que accedimos rápidamente, como buenos siervos de Lathander, por la parte de Corvus y mía, y por la parte de Belwyse... bueno, sus motivos eran de otro tipo. En un momento en que su hermana se ausentó, el hijo del burgomaestre nos pidió que llevásemos a su hermana hasta una de las ciudades más alejadas del castillo de Strahd, donde su influencia sería menor y podría vivir mejor. Según nos explicó, nadie, excepto los vistani podía salir del reino de Barovia, pero en Avalaki y Krezk no se vivía tan mal como en Barovia.
Terminada la conversación, fuimos a descansar. El primer turno lo realizó el mediano con la chica (como no), y en el segundo turno Corvus acompañó a Ismark. Por la noche, Belwyse me despertó para informarme de que había descubierto unas marcas de mordedura de vampiro en Ireena y que parecía que se había alimentado de su sangre en varias ocasiones. Lo sabría ella? Al parecer, los hermanos tenían la impresión de que Strahd había estado en su casa... Eso parecía confirmar la teoría de que se trataba de un vampiro... maldita sea, tenemos que exterminar a esa cosa... pero está claro que nosotros solos no podemos... tendremos que buscar el modo de conseguirlo. Como tampoco podíamos hacer nada al respecto en ese momento, y puesto que esa mordedura tampoco significaba que la chica nos hubiese mentido, le resté importancia y seguí durmiendo.
Al despertarnos, examinamos los objetos que habíamos tomado de la casa maldita. Curioseé los hechizos del libro de magia que seguramente pertenecía al señor o la señora de la casa. Había un hechizo para disfrazarse... quizás para evitar a la señora y encontrarse con la joven amante? Otro para paralizar, quizás para tomar como objetivos a los futuros sacrificios... y el resto hechizos típicos (pero muy útiles) de mago para atacar y defenderse. Un buen repertorio, la verdad. Una pena no disponer de un mago en nuestro grupo que pudiese darle utilidad a semejante cantidad de hechizos. El resto de objetos, una capa de ilusión, que decidimos que el pícaro era el más indicado para darle uso, un amuleto del devoto para mejorar el poder divino de Corvus y finalmente una capa de protección, que seguro que me ayudará a protegerme contra la maldad de esta tierra. También reconocimos algunas pociones de curación que nos repartimos y que seguro que nos serán muy útiles.
Por la mañana, empezamos la procesión del cuerpo del fallecido burgomaestre por las calles de la desolada Barovia. Durante el recorrido, el mediano proclamó un discurso intentando conseguir alguna reacción en los corazones de los asustados pueblerinos, pero no pareció funcionar. Luego yo intenté seguir sus palabras, y Corvus me ayudó haciendo brillar mi armadura, pero no conseguimos de ningún modo encender los corazones de ningún baroviano. Solo vimos a un hombre con barba rubia salir de su casa asintiendo, pero rápidamente volvió a refugiarse en ella. Las tres vistani que habíamos visto el día anterior en la taberna, ahora estaban fuera, sonriéndonos. Sería una risa falsa, mofándose de la muerte del burgomaestre? O estarían de acuerdo con nuestras palabras y sería su modo de mostrar su apoyo a la causa contra Strahd? Lo que está claro es que Ismark parece no confiar en ellas... pero creo que tendremos que hablar con ellas en algún momento para intentar averiguar sus intenciones.
Después de un paseo bajo la lluvia por el desolado pueblo de Barovia, llegamos a casa de Ismark, donde conocimos a la bella Ireena, de la cual quedó inmediatamente prendado Belwyse (ya sabemos como es...). La chica se mostró precavida empuñando su espada mientras la puerta se mantuvo abierta, pero al adentrarnos en su casa, pareció tranquilizarse. De todos modos, al verlos tan cansados, nos ofrecimos a que descansasen toda la noche, porque viendo sus ojeras realmente lo necesitaban más que nosotros, pero declinaron nuestra oferta, al parecer no terminaban de confiar en nosotros, la cual cosa tampoco es que me extrañase.
En cambio, por alguna razón, a mí este par de hermanos sí que me transmitían confianza, no sé bien si es por su historia, sus miedos, su rechazo a ese vil ser que parece dominar la región... luego nos dijeron que se trataba de un vampiro... de confirmarse, tendría sentido que mi señor Lathander nos hubiese traído hasta aquí, para luchar contra esa desalmada bestia. Los vampiros son los seres más macabros, despreciables e infames de la faz de este mundo. De todos modos, los hermanos nos informaron de que la bruma que nos teletransportó hasta Barovia, parece ser algún tipo de hechizo que controla Strahd... y que no éramos los primeros aventureros que había traído hasta aquí... quizás sólo formemos parte de un siniestro plan del Conde y que seamos simples títeres en su juego... También nos advirtió que debíamos mantenernos alejados del molino dorado del campo rojo... parece que el mal asola ese lugar.
Los hermanos nos pidieron ayuda para llevar el cuerpo de su padre hasta la iglesia, a lo que accedimos rápidamente, como buenos siervos de Lathander, por la parte de Corvus y mía, y por la parte de Belwyse... bueno, sus motivos eran de otro tipo. En un momento en que su hermana se ausentó, el hijo del burgomaestre nos pidió que llevásemos a su hermana hasta una de las ciudades más alejadas del castillo de Strahd, donde su influencia sería menor y podría vivir mejor. Según nos explicó, nadie, excepto los vistani podía salir del reino de Barovia, pero en Avalaki y Krezk no se vivía tan mal como en Barovia.
Terminada la conversación, fuimos a descansar. El primer turno lo realizó el mediano con la chica (como no), y en el segundo turno Corvus acompañó a Ismark. Por la noche, Belwyse me despertó para informarme de que había descubierto unas marcas de mordedura de vampiro en Ireena y que parecía que se había alimentado de su sangre en varias ocasiones. Lo sabría ella? Al parecer, los hermanos tenían la impresión de que Strahd había estado en su casa... Eso parecía confirmar la teoría de que se trataba de un vampiro... maldita sea, tenemos que exterminar a esa cosa... pero está claro que nosotros solos no podemos... tendremos que buscar el modo de conseguirlo. Como tampoco podíamos hacer nada al respecto en ese momento, y puesto que esa mordedura tampoco significaba que la chica nos hubiese mentido, le resté importancia y seguí durmiendo.
Al despertarnos, examinamos los objetos que habíamos tomado de la casa maldita. Curioseé los hechizos del libro de magia que seguramente pertenecía al señor o la señora de la casa. Había un hechizo para disfrazarse... quizás para evitar a la señora y encontrarse con la joven amante? Otro para paralizar, quizás para tomar como objetivos a los futuros sacrificios... y el resto hechizos típicos (pero muy útiles) de mago para atacar y defenderse. Un buen repertorio, la verdad. Una pena no disponer de un mago en nuestro grupo que pudiese darle utilidad a semejante cantidad de hechizos. El resto de objetos, una capa de ilusión, que decidimos que el pícaro era el más indicado para darle uso, un amuleto del devoto para mejorar el poder divino de Corvus y finalmente una capa de protección, que seguro que me ayudará a protegerme contra la maldad de esta tierra. También reconocimos algunas pociones de curación que nos repartimos y que seguro que nos serán muy útiles.
Por la mañana, empezamos la procesión del cuerpo del fallecido burgomaestre por las calles de la desolada Barovia. Durante el recorrido, el mediano proclamó un discurso intentando conseguir alguna reacción en los corazones de los asustados pueblerinos, pero no pareció funcionar. Luego yo intenté seguir sus palabras, y Corvus me ayudó haciendo brillar mi armadura, pero no conseguimos de ningún modo encender los corazones de ningún baroviano. Solo vimos a un hombre con barba rubia salir de su casa asintiendo, pero rápidamente volvió a refugiarse en ella. Las tres vistani que habíamos visto el día anterior en la taberna, ahora estaban fuera, sonriéndonos. Sería una risa falsa, mofándose de la muerte del burgomaestre? O estarían de acuerdo con nuestras palabras y sería su modo de mostrar su apoyo a la causa contra Strahd? Lo que está claro es que Ismark parece no confiar en ellas... pero creo que tendremos que hablar con ellas en algún momento para intentar averiguar sus intenciones.

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