12. Lidiando con nuestros primeros vampiros
07/05/2023
Corvus lanzó su hechizo de esfera llameante, y empezó a incendiar toda la planta baja. El fuego se extendió rápidamente, y empezó a subir hacia el segundo piso. Por mi parte, avisé a unos guardias de que el segundo piso estaba infestado de vampiros, al principio no me creyeron, pero pude hacer entrar a uno en razón, que fue a avisar rápidamente a más guardias.
Entonces, vimos como los tablones de madera salían despedidos de las ventanas, y unas diabólicas criaturas en llamas descendían reptando por las paredes. Empezamos a luchar contra ellas, junto con cuatro guardias, contra las seis criaturas que habían salido del segundo piso de la casa del artesano. Al principio, los guardias se quedaron estupefactos con la terrible visión de esas oscuras criaturas, pero Corvus con su magia divina y yo con mis castigos divinos, dimos cuenta rápidamente de las primeras criaturas, que cayeron a nuestros pies. Cuando se dieron cuenta que las reliquias seguían sin permanecer en la iglesia, porque las tenía yo, varios de ellos intentaron huir hacia la iglesia, aunque conseguimos retenerlos a casi todos, solo se nos escapó uno. Los guardias fueron cayendo como moscas, bajo los mortales zarpazos de los bastardos chupasangres, pero agotando todas nuestras fuerzas, conseguimos terminar con tres más de ellos, y salimos persiguiendo a otro de ellos que quería escapar.
Tras la persecución, llegamos a la plaza de la iglesia, donde sorprendentemente encontramos a uno de los vampiros muerto, en el suelo, junto a tres guardias caídos, y un único guardia en pie que estaba impidiendo que el último vampiro que quedaba en pie accediese a la iglesia. Cuando llegamos, unimos nuestras fuerzas con la de aquel guardia, que estoicamente había estado luchando contra esos vampiros. Agotada nuestra magia, nuestros ataques no eran suficientes para terminar con esa criatura, puesto que su regeneración natural impedía que nuestras heridas hiciesen mella en ella.
La criatura, seguía empeñada en acceder a la iglesia, pero en el último momento, cuando parecía que iba a lograr su objetivo, una sorprendente aura de luz y magia divina surgió del soldado, que lanzó unos metros atrás a la oscura criatura, y reforzó nuestra valentía y coraje para luchar. En ese momento, Corvus consiguió detener la regeneración del vampiro, y el guardia desenvainó una espada y se la clavó a la criatura, consiguiendo de este modo terminar con su aciaga vida.
Entonces el soldado me pidió que llevase de inmediato las reliquias de San Andral a la Iglesia, y así lo hice. Cuando entré en el templo encontré a Ireena con su espada desenvainada y el padre Lucien intentando mantener la calma de todos los feligreses allí congregados. Depositamos rápidamente las reliquias en la cripta, notando de inmediato como el poder protector de San Andral invadía la iglesia, y salimos fuera, donde encontramos que Corvus había podido estabilizar a los tres guardias moribundos. Cómo podía ser que esos guardias no estuviesen todos muertos?, justo durante el primer combate en la casa del artesano, habíamos visto con nuestros propios ojos como los vampiros descuartizaban a esos guardias como si fuesen marionetas, pero, en cambio, estos guardias no habían sufrido ninguna herida mortal. Se trataría de una bendición de San Andral, por haber luchado junto a la iglesia? O ese guardia que había aguantado estoicamente habría tenido algo que ver?
Nos explicó que se llamaba Ran, y que estaba tan sorprendido como nosotros. Él nos dijo que quizás había sido cosa de San Andral, que se hubiese manifestado a través de su cuerpo, y le hubiese conferido esos poderes de forma temporal... la verdad es que nada en su aspecto parecía indicarnos que no fuese un guardia normal y corriente, como el resto... aunque sí que es verdad que era el único que habíamos visto luchar con una espada, el resto iban todos armados con lanza. Lo mejor será que hablemos con ese chico con calma, una vez haya pasado todo esto.
Después de curar a los heridos, se nos acercaron unos guardias, y nos explicaron que debíamos presentarnos inmediatamente delante del Barón, puesto que parecía culparnos a nosotros de los ataques de los vampiros a la ciudad. Yo pedí a los guardias, que fuesen a buscar al artesano de los ataúdes, puesto que él podría explicar no solamente que nosotros no teníamos nada que ver, sino que justamente habíamos conseguido recuperar las reliquias. Vimos que algunos guardias estaban claramente en contra nuestro, así que también pedí que el padre Lucien nos acompañase... cualquier ayuda es poca si tenemos que lidiar con un Barón cabreado y que domina su ciudad con mano de hierro.
Creo que el mayor problema que tenemos, es responder la pregunta de por qué no avisamos a las autoridades antes de quemar la casa... quizás se podría haber salvado alguna vida si nos hubiésemos coordinado con la guardia de la ciudad, para luchar contra los vampiros... o quizás solo hubiésemos conseguido que más soldados hubiesen muerto. Tengo que hablar con Corvus para ver qué explicación damos sobre ello... más vale que nuestras versiones estén alineadas si no queremos que nos expulsen de la ciudad.

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