16. En dirección al viñedo
19/07/2023

Seguimos nuestro camino hacia el viñedo, y cuando faltaba poco por llegar, nos alcanzó Nieve, cuya tarea ya había cumplido. Al llegar a nuestro objetivo, vimos un anciano que se identificó como Davian Martikov, iba acompañado con una familia que debían ser los trabajadores del viñedo, y nos explicó que unos druidas habían atacado el viñedo hacía unos días, y que se habían encerrado dentro de la casa, y la custodiaban gracias a unos monstruos que conseguían controlar mediante algún artefacto que guardaban dentro del edificio. Nos explicó que habían intentado acceder a la casa, pero que les había sido imposible, por todos los monstruos que la custodiaban alrededor. Nos aconsejó que si conseguíamos adentrarnos en la casa sin tener que luchar con los monstruos de fuera, tendríamos mucho de ganado. Así que primero decidimos echar un vistazo desde los alrededores del viñedo y vimos que la casa tenía varias entradas, pero no vimos ni rastro de los monstruos. Decidimos usar a Nieve de señuelo, pidiéndole que fuese hacia una de las entradas para que nos despejara el camino, a ver si podía conseguir que las criaturas le siguiesen y pudiésemos tener una vía de acceso a la casa, pero no funcionó. Solo pisar el viñedo de alrededor de la casa, una hueste de criaturas árbol se levantó de su letargo, y empezaron a perseguirlo, Nieve era más rápido que esas maléficas plantas, pero mucho antes de poder llegar a la casa, se vio medio rodeado porque había centenares de esas criaturas, muchas se habían levantado delante de él, así que le dije que cancelase el plan y que saliese inmediatamente de allí.
Después de debatirlo con Corvus, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era usar la rapidez de Nieve, y atravesar el viñedo a toda velocidad, aprovechando que esas plantas tardaban un poco en despertar de su letargo. Así que le pedimos a Ireena que fuese a proteger a los campesinos, nos montamos sobre el corcel de guerra, y salimos rápidamente galopando hacia el edificio. Cuando llegamos al viñedo, tal y como había pasado la primera vez, decenas de esas plantas infernales empezaron a despertar, pero nosotros seguíamos galopando sin pausa hacia la casa, hasta que vimos que tres de esas infernales criaturas se levantaron delante de nosotros, pero Corvus consiguió rápidamente reducirlas a cenizas con sus manos ardientes. Conseguimos llegar a la entrada del edificio, y mientras veíamos como las huestes de árboles se aproximaban a nosotros, Nieve de una coz consiguió rápidamente sacar la puerta de sus goznes, así que le pedí que se reuniese dando un rodeo con Ireena, y Corvus y yo entramos en la casa.
Era una pequeña estancia con un buen armario, así que logramos volver a colocar la puerta en su sitio y atrancarla con el armario, justo a tiempo para escuchar como esos seres de madera llegaban a la puerta y empezaban a intentar derribarla, por suerte sin conseguirlo.
Nos despertamos por la mañana dispuestos a ayudar al tabernero Urwin, con el problema del suministro de vino, cuyo negocio pertenecía a su padre, Davian Martikov, al cual también llamaban el viejo cuervo. Partimos con Ireena y Nieve por el camino hacia Krezk a primera hora de la mañana, aprovechando como de costumbre todas las horas diurnas posibles. La primera encrucijada que encontramos, tenía el cartel destrozado, pero había una indicación hacia Berez, que nos explicó Ireena que se contaba que era un pueblo que había sido arrasado por Strahd mucho tiempo atrás. Quizás podríamos visitarlo cuando seamos más poderosos, a lo mejor haya algo interesante que encontrar.
Al llegar a un bosque, escuchamos unos gritos de socorro, e Ireena salió corriendo hacia su origen, desoyendo nuestros consejos de mantener la precaución. Encontramos a dos hombres, uno yacía muerto y el otro, que era el que había gritado, le conseguimos salvar la vida gracias a los poderes de Corvus. Nos pudo explicar que un druida los habían atacado, así que le pedí a Nieve que llevase a ese hombre hasta Vallaki, y nos adentramos en el bosque siguiendo el reguero de sangre que habían dejado.
Al momento encontramos a dos criaturas demoníacas en forma de árbol, y también al druida y a otro de los pueblerinos, que tenía el pecho abierto de par en par y en su interior, una gema verde del tamaño de un puño parecía mantenerle con vida. Con mi aliento dracónido conseguí carbonizar rápidamente aquellos malvados arbustos, luego llegó Ireena, que suponemos que sobrepasada por el momento, no logró reaccionar y se quedó estupefacta mirando a la escena. Finalmente, llegó Corvus y gracias a una gran bola de fuego, escuchamos como un montón de esos perversos árboles perecían bajo su fuego, sin duda se habían mantenido ocultos entre la maleza, esperando a que nos acercásemos para sorprendernos. También cayó derrotado el pueblerino, pero el druida se las ingenió para conseguir salir con vida. Aunque no duró mucho, cayó derrotado bajo mi espada, no sin antes conseguir sonsacarle algunos de los maléficos planes que estaban llevando a cabo en el viñedo.
Nos explicó que estaban a las órdenes de Strahd, y que estaban realizando un ritual que pronto finalizarían. Le di la posibilidad de redimirse, pero el alma de ese pobre infeliz estaba corrupta desde sus cimientos, y no pude dejarlo libre. Corvus vio como la gema verde del pecho del pueblerino se deshacía como si fuese líquida, y era absorbida por el sotobosque.
Al llegar a un bosque, escuchamos unos gritos de socorro, e Ireena salió corriendo hacia su origen, desoyendo nuestros consejos de mantener la precaución. Encontramos a dos hombres, uno yacía muerto y el otro, que era el que había gritado, le conseguimos salvar la vida gracias a los poderes de Corvus. Nos pudo explicar que un druida los habían atacado, así que le pedí a Nieve que llevase a ese hombre hasta Vallaki, y nos adentramos en el bosque siguiendo el reguero de sangre que habían dejado.
Al momento encontramos a dos criaturas demoníacas en forma de árbol, y también al druida y a otro de los pueblerinos, que tenía el pecho abierto de par en par y en su interior, una gema verde del tamaño de un puño parecía mantenerle con vida. Con mi aliento dracónido conseguí carbonizar rápidamente aquellos malvados arbustos, luego llegó Ireena, que suponemos que sobrepasada por el momento, no logró reaccionar y se quedó estupefacta mirando a la escena. Finalmente, llegó Corvus y gracias a una gran bola de fuego, escuchamos como un montón de esos perversos árboles perecían bajo su fuego, sin duda se habían mantenido ocultos entre la maleza, esperando a que nos acercásemos para sorprendernos. También cayó derrotado el pueblerino, pero el druida se las ingenió para conseguir salir con vida. Aunque no duró mucho, cayó derrotado bajo mi espada, no sin antes conseguir sonsacarle algunos de los maléficos planes que estaban llevando a cabo en el viñedo.
Nos explicó que estaban a las órdenes de Strahd, y que estaban realizando un ritual que pronto finalizarían. Le di la posibilidad de redimirse, pero el alma de ese pobre infeliz estaba corrupta desde sus cimientos, y no pude dejarlo libre. Corvus vio como la gema verde del pecho del pueblerino se deshacía como si fuese líquida, y era absorbida por el sotobosque.

Seguimos nuestro camino hacia el viñedo, y cuando faltaba poco por llegar, nos alcanzó Nieve, cuya tarea ya había cumplido. Al llegar a nuestro objetivo, vimos un anciano que se identificó como Davian Martikov, iba acompañado con una familia que debían ser los trabajadores del viñedo, y nos explicó que unos druidas habían atacado el viñedo hacía unos días, y que se habían encerrado dentro de la casa, y la custodiaban gracias a unos monstruos que conseguían controlar mediante algún artefacto que guardaban dentro del edificio. Nos explicó que habían intentado acceder a la casa, pero que les había sido imposible, por todos los monstruos que la custodiaban alrededor. Nos aconsejó que si conseguíamos adentrarnos en la casa sin tener que luchar con los monstruos de fuera, tendríamos mucho de ganado. Así que primero decidimos echar un vistazo desde los alrededores del viñedo y vimos que la casa tenía varias entradas, pero no vimos ni rastro de los monstruos. Decidimos usar a Nieve de señuelo, pidiéndole que fuese hacia una de las entradas para que nos despejara el camino, a ver si podía conseguir que las criaturas le siguiesen y pudiésemos tener una vía de acceso a la casa, pero no funcionó. Solo pisar el viñedo de alrededor de la casa, una hueste de criaturas árbol se levantó de su letargo, y empezaron a perseguirlo, Nieve era más rápido que esas maléficas plantas, pero mucho antes de poder llegar a la casa, se vio medio rodeado porque había centenares de esas criaturas, muchas se habían levantado delante de él, así que le dije que cancelase el plan y que saliese inmediatamente de allí.
Después de debatirlo con Corvus, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era usar la rapidez de Nieve, y atravesar el viñedo a toda velocidad, aprovechando que esas plantas tardaban un poco en despertar de su letargo. Así que le pedimos a Ireena que fuese a proteger a los campesinos, nos montamos sobre el corcel de guerra, y salimos rápidamente galopando hacia el edificio. Cuando llegamos al viñedo, tal y como había pasado la primera vez, decenas de esas plantas infernales empezaron a despertar, pero nosotros seguíamos galopando sin pausa hacia la casa, hasta que vimos que tres de esas infernales criaturas se levantaron delante de nosotros, pero Corvus consiguió rápidamente reducirlas a cenizas con sus manos ardientes. Conseguimos llegar a la entrada del edificio, y mientras veíamos como las huestes de árboles se aproximaban a nosotros, Nieve de una coz consiguió rápidamente sacar la puerta de sus goznes, así que le pedí que se reuniese dando un rodeo con Ireena, y Corvus y yo entramos en la casa.
Era una pequeña estancia con un buen armario, así que logramos volver a colocar la puerta en su sitio y atrancarla con el armario, justo a tiempo para escuchar como esos seres de madera llegaban a la puerta y empezaban a intentar derribarla, por suerte sin conseguirlo.
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