14. Conociendo Vallaki
Por la mañana, estuvimos hablando con el marido de la posadera, Urwin, aunque durante la conversación, Corvus se fijó en que había algo en uno de sus hijos, Brom, que le resultaba familiar (su hermano se llamaba Brey). Le preguntó a su padre por esa extraña sensación, y claramente vimos como nos intentaba ocultar alguna cosa. La conversación no terminó bien, y el posadero se fue sin querer dar más explicaciones. Su mujer nos dijo que hablaría con él, pero que entendiésemos que no todo el mundo pueda confiar en nosotros de buenas a primeras. También nos explicó que había una vieja leyenda acerca de un dragón que murió en una mansión encantada, quizás esa sea la casa de la visión de la vieja vistani...
Decidimos ir a visitar al juguetero del pueblo, no sin antes hablar con Rictavio, el frustrado maestro de circo, que nos explicó que el mono Piccolo había sido de su banda y que se lo regaló al artesano. Cuando llegamos a la tienda, vimos que todos los juguetes tenían un aire macabro, lo que sin duda no le ayudaba a generar los beneficios que tanto parecía ansiar. Hablando con él, no pudimos relacionarle con la visión de madame Eva en la que nos hablaba de un poderoso aliado... quién sabe si en un futuro descubriremos algo más. Lo que nos resultó muy extraño, fue ver unas muñecas, cada vez más precisas, talladas a modo y semejanza de nuestra amiga Ireena, el juguetero nos explicó que se las había estado encargando durante años el joven Izek. Lo raro es que Ireena e Izek que nosotros sepamos, nunca se han visto... quizás debamos hablar con Ireena respecto este tema. Corvus le encargó un muñeco de él mismo, y se lo pagamos por adelantado.
Luego decidimos dar una vuelta por las tiendas del pueblo, el Tesoro de Shanovich, una tienda de gemas preciosas aunque no tenían nada de nuestro interés, también una bruja ciega que vendía objetos hechos con alquimia, y también algunos objetos mágicos que se escapaban de nuestro presupuesto. Y finalmente Jablonski y su hijo, que regentaban una tienda de armas y armaduras, en la que vimos algunos objetos y mejoras interesantes para nuestro equipamiento, aunque también con precios mucho más elevados de lo que hubiésemos encontrado fuera de Barovia. Parece que si queremos equiparnos bien, tendremos que salir en búsqueda de tesoros abandonados.
Ya de vuelta a la posada del Agua Azul, hablamos de nuevo con Urwin, que parecía más dispuesto a hablar, aunque aún parecía sentir resentimiento por la conversación de la mañana. Nos explicó que necesitaba de nuestra ayuda, pues el suministro de vino hacía unos días que había sido cortado, y eso era muy grave en un pueblo como Vallaki en que el vino es uno de los sustentos de la felicidad de sus feligreses. Además, nos explicó que el propietario de esos viñedos era su propio padre, así que seguramente debía estar muy preocupado por su salud o lo que le podría haber pasado. Sin duda partiremos hacia allí a primera hora del próximo amanecer.

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