8. Otorgando paz a las almas de los hermanos


18/04/2023

Salimos de la iglesia en dirección a casa de los hermanos, no queríamos dejar a Ireena sola por las calles de Barovia. A mitad camino, Belwyse nos dijo que necesitaba comprar algo y se quedó en la tienda del pueblo. Nosotros acompañamos a los hermanos y nos reunimos más tarde en la tienda con el mediano. Allí, un vendedor pintoresco, llamado Bildrath, después de regatearle bastante, nos vendió un mapa de Barovia, así como varios materiales para Belwyse, por 125 monedas de oro, aunque quedamos en que si le devolvíamos el mapa nos devolvería 25 monedas. También nos comentó que en el lago Tser, tenía unos paquetes que agradecería que le llevásemos hasta la tienda. Quizás después de salvar a Ireena, si volvemos a Barovia, podamos traerle esos paquetes y nos ganemos algún tipo de recompensa.

Una vez en casa de los hermanos, mientras el mediano preparaba un conjuro en la cocina, nosotros quedamos con los hermanos que partiríamos con Ireena al alba. Corvus me comentó que quizás deberíamos guardar algunos secretos de la hermana, puesto que si en ocasiones la controla, quizás pueda llegarle esa información al Vampiro. El conjuro que estaba realizando Belwyse era para atraer a un búho! Nos lo presentó como Guilroy, parece muy obediente.

Después de comer, mis compañeros me acompañaron a la casa de la Muerte, donde el deber aún nos reclamaba para tratar de dar paz a tres pobres almas que seguían encadenadas a esa maldita mansión. Al llegar, todo parecía estar igual, así que subimos hasta el último piso, donde nos volvimos a encontrar con los espíritus de Rosa y Espino, pero al manipular sus huesos para recogerlos, esos espíritus entraron en nuestros cuerpos! Rosa entró en el mío, y sentí que debía dar órdenes a los demás. Por su parte, Espino entró en el cuerpo de Corvus, y luego me dijo que había sentido la imperiosa necesidad de hacer todo lo que yo le ordenase. De todos modos, seguíamos siendo conscientes y podíamos seguir dominando a nuestros cuerpos, así que seguimos con el plan y recogimos sus huesos. La idea era también enterrar a los huesos de la criada, pero al recogerlos, apareció de repente y nos atacó! De todos modos el combate terminó rápido, con mi aliento de fuego carbonicé sus huesos, y el espíritu se desvaneció inmediatamente. En ese momento, no sé si impulsado por la voluntad de Rosa, o por tratar de dar un merecido adiós a los hermanos, abracé a Corvus y Espino.

Luego, decidimos bajar por las escaleras de caracol hasta las mazmorras, que estaban muy maltrechas, pero aún seguían en pie. Los cánticos volvían a sonar, pero los obviamos. Nos dirigimos directamente a los sarcófagos preparados para Rosa y Espino, y depositamos allí sus huesos, y de inmediato notamos como los espíritus abandonaban nuestros cuerpos. Por fin, ahora sí que habíamos conseguido terminar con los deseos de Lathander en esa casa.

Luego decidimos investigar los sarcófagos de sus malvados padres, tanto por curiosidad para conocer si los habían enterrado allí, o por si podíamos encontrar algún objeto de utilidad, pero lo único que conseguimos es que un enjambre de ciempiés gigantes nos atacase! Belwyse, mostrando por segunda vez trucos arcanos que le había enseñado su familia, consiguió dormir a la mayoría de esos ciempiés en un periquete, y luego fue pan comido acabar con ellos.

Al tratar de salir de la casa, de nuevo aparecieron espadas en los marcos de las puertas, pero pudimos escapar sin recibir demasiado daño. Una vez fuera de la casa encantada, tomamos unas antorchas y la incendiamos hasta reducirla a cenizas. Esperemos que así nunca más se puedan volver a cometer sacrificios en sus mazmorras.





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