26. Recibiendo gratitud
28/11/2023
Antes de irnos, el Abad le ofreció a la pequeña un plato caliente, que aceptó sin mediar palabra. Durante esa comida, Corvus aprovechó para intentar hablar con la niña y comprobar que se encontraba bastante bien, teniendo en cuenta que acababa de ser devuelta de entre los muertos.
Cuando terminó, acompañamos a Alana hasta la casa de sus padres, que se quedaron perplejos al descubrir que su hija había vuelto a la vida. Tras explicarles todo lo acontecido, el burgomaestre, sumamente agradecido, nos ofreció la generosa promesa de bañar en plata nuestras armas. Además, después de consultarlo con su esposa Ana, nos brindaron la posibilidad de que ella nos transfiriera unos tatuajes ancestrales de su linaje. Al parecer, la familia de Ana practicaba rituales que conferían propiedades mágicas a estos tatuajes, los cuales podían luego transferir a otra persona mediante otro ritual. Agradecidos por su oferta, aceptamos sin dudar, conscientes de que cualquier ayuda sería valiosa en nuestra lucha contra las huestes de Strahd.
Los Krezkov se sorprendieron cuando alguien llamó a la puerta. Se trataba del Abad, que, por primera vez en su vida, había bajado hasta su casa. Después de asegurarse de que le habíamos hablado de su ayuda con la recuperación de la niña, le pidió un favor a Dimitri, necesitaba un vestido para Basilka, y tras realizar su solicitud, se retiró de nuevo a la abadía. Mientras conversábamos con el burgomaestre, nos informó sobre las dificultades que enfrentaría para conseguir el vestido en Krezk, ya que no contaban con artesanos capaces de confeccionar una prenda de tal magnitud.
Esa noche, Ana realizó el ritual místico, y unos tatuajes pasaron de sus brazos a nuestros brazos. Por lo que nos explicó, cada mañana debemos decidir el poder del ritual, que puede ser, o ganar el conjuro arma mágica, o asignarle protección mágica a nuestra armadura durante una hora, o ampliar nuestra capacidad para lanzar un conjuro del más bajo nivel. La verdad es que es muy interesante y estoy seguro de que le daremos buen provecho. Después de descansar, en mi caso decidí que lo que más me convenía, mientras no pudiese permitirme mi propia espada mágica, era reservar ese conjuro para más tarde. Recordé también el objeto mágico que tenía el hombre de la celda, y después de pedirle un objeto dorado a Dimitri, me entregó una barra de cobre, con la que confié poder realizar el trueque más tarde.
También preguntamos por Ireena, pero los Krezkov nos dijeron que seguía muy afectada por todo lo que había pasado, y que de momento quería quedarse en la aldea, así que decidimos dejarla en paz por ahora.
Desayunamos en su casa, y a primera hora del alba fuimos a la abadía, para recoger a Esmeralda, y partir hacia Vallaki para poder llegar pronto al Festival del Sol Ardiente. El trayecto transcurrió sin incidentes, y cuando llegamos a la ciudad, pudimos ver a Rictavio, que estaba haciendo reír a varios niños que observaban encantados sus marionetas, también vimos a Blinsky, que se había montado una parada con sus macabros juguetes, y finalmente nos sorprendió ver que Henry Vanderbok, el fabricante de ataúdes, había sido capturado y metido en uno de los cepos de la plaza central. Será mejor que vayamos a buscar al Burgomaestre Vargas Vallakovich cuanto antes, somos sus invitados de honor y no debemos hacerle enfadar.
Antes de irnos, el Abad le ofreció a la pequeña un plato caliente, que aceptó sin mediar palabra. Durante esa comida, Corvus aprovechó para intentar hablar con la niña y comprobar que se encontraba bastante bien, teniendo en cuenta que acababa de ser devuelta de entre los muertos.
Cuando terminó, acompañamos a Alana hasta la casa de sus padres, que se quedaron perplejos al descubrir que su hija había vuelto a la vida. Tras explicarles todo lo acontecido, el burgomaestre, sumamente agradecido, nos ofreció la generosa promesa de bañar en plata nuestras armas. Además, después de consultarlo con su esposa Ana, nos brindaron la posibilidad de que ella nos transfiriera unos tatuajes ancestrales de su linaje. Al parecer, la familia de Ana practicaba rituales que conferían propiedades mágicas a estos tatuajes, los cuales podían luego transferir a otra persona mediante otro ritual. Agradecidos por su oferta, aceptamos sin dudar, conscientes de que cualquier ayuda sería valiosa en nuestra lucha contra las huestes de Strahd.
Los Krezkov se sorprendieron cuando alguien llamó a la puerta. Se trataba del Abad, que, por primera vez en su vida, había bajado hasta su casa. Después de asegurarse de que le habíamos hablado de su ayuda con la recuperación de la niña, le pidió un favor a Dimitri, necesitaba un vestido para Basilka, y tras realizar su solicitud, se retiró de nuevo a la abadía. Mientras conversábamos con el burgomaestre, nos informó sobre las dificultades que enfrentaría para conseguir el vestido en Krezk, ya que no contaban con artesanos capaces de confeccionar una prenda de tal magnitud.
Quedamos en que, ya que nosotros partíamos hacia Vallaki a la mañana siguiente, llevaríamos el encargo y el dinero del burgomaestre para el vestido, a la familia de los Martikov, o si lo veíamos factible, compraríamos nosotros mismos el vestido, aunque a Corvus no le hacía ninguna gracia hacer un favor a alguien con el que dudaba si deberíamos enfrentarnos. De todos modos, dejamos para un futuro la decisión de enfrentarnos al Abad, puesto que como debíamos marchar a Vallaki, tampoco queríamos dejar a Krezk en una situación difícil, si las cosas se terminaban complicando en el enfrentamiento con el Abad.
Esa noche, Ana realizó el ritual místico, y unos tatuajes pasaron de sus brazos a nuestros brazos. Por lo que nos explicó, cada mañana debemos decidir el poder del ritual, que puede ser, o ganar el conjuro arma mágica, o asignarle protección mágica a nuestra armadura durante una hora, o ampliar nuestra capacidad para lanzar un conjuro del más bajo nivel. La verdad es que es muy interesante y estoy seguro de que le daremos buen provecho. Después de descansar, en mi caso decidí que lo que más me convenía, mientras no pudiese permitirme mi propia espada mágica, era reservar ese conjuro para más tarde. Recordé también el objeto mágico que tenía el hombre de la celda, y después de pedirle un objeto dorado a Dimitri, me entregó una barra de cobre, con la que confié poder realizar el trueque más tarde.
También preguntamos por Ireena, pero los Krezkov nos dijeron que seguía muy afectada por todo lo que había pasado, y que de momento quería quedarse en la aldea, así que decidimos dejarla en paz por ahora.
Desayunamos en su casa, y a primera hora del alba fuimos a la abadía, para recoger a Esmeralda, y partir hacia Vallaki para poder llegar pronto al Festival del Sol Ardiente. El trayecto transcurrió sin incidentes, y cuando llegamos a la ciudad, pudimos ver a Rictavio, que estaba haciendo reír a varios niños que observaban encantados sus marionetas, también vimos a Blinsky, que se había montado una parada con sus macabros juguetes, y finalmente nos sorprendió ver que Henry Vanderbok, el fabricante de ataúdes, había sido capturado y metido en uno de los cepos de la plaza central. Será mejor que vayamos a buscar al Burgomaestre Vargas Vallakovich cuanto antes, somos sus invitados de honor y no debemos hacerle enfadar.
Entrada en formato audio: 26. Recibiendo gratitud


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