30. Una oscura invitación
Después de hablar con Corvus, le pedí a Urwin, el posadero, que subiese a nuestra habitación. Nos marcó en nuestro mapa las localizaciones tanto de la posible ubicación del mago loco, como de la torre Khazan, donde debíamos reunirnos con Rictavio.
Al salir de la posada, nos dirigimos a casa de Lady Fiona para devolverle los documentos sustraídos, y para intentarla convencer de que a cambio de abandonar a Strahd y al demonio, sanaríamos a su hija y la convertiríamos en Burgomaestre, pero las cosas no fueron como teníamos planeado y un poco más y nos echa a patadas de su casa...
Antes de partir definitivamente de Vallaki, nos dirigimos a la iglesia de San Andral, donde le pedimos al padre Lucien que diese sepultura a los huesos descubiertos en casa de los Wachter.
Nos reunimos con Esmeralda, y al llegar a la puerta norte de la ciudad, los guardias nos avisaron que había un carruaje oscuro que parecía estar esperándonos, por si queríamos salir por otra puerta y evitar el enfrentamiento. Los tres estuvimos de acuerdo en ver de qué se trataba, y de ese modo nos dirigimos directamente hacia el negro carruaje.
Al acercarnos, un elfo lunar, como los que habíamos visto recluidos en el campamento vistani, se nos acercó, aunque este inspiraba una aura totalmente opuesta a la de los elfos que habíamos conocido. Se presentó como Rahadin, un sirviente de Strahd, y nos hizo entrega de una carta, una invitación de parte del Conde Vampiro a su castillo, a la tercera noche. Nos instó a que aceptásemos la invitación, y no pareció tomarse nada bien nuestras evasivas. Nosotros nos lo tomamos con buen humor, pero sin duda aquel elfo era alguien muy peligroso. Una petición de sentidos divinos a Lathander, me reveló que el único ser no-muerto era el conductor de la carreta, que se trataba de un zombie. Luego, nos dirigimos hacia el lago, que atravesamos con uno de los botes que había allí dispuestos. Le pedí a Nieve que diese la vuelta alrededor del lago, y que si antes de anochecer no me había encontrado, volviese para la posada. Espero que no le pase nada malo. Una vez en la otra orilla, estuvimos buscando por el empinado bosque alguna pista que nos pudiese revelar la localización del mago loco que andábamos buscando, pero lo primero que nos encontró a nosotros fueron unos esqueletos y zombies bastante duros que nos obligaron a tomar las armas y hacer uso de nuestros poderes. Durante el combate, pudimos ver la gran maestría de Esmeralda con las armas, me extrañó porque yo pensaba que simplemente era ducha con las artes arcanas, pero su pericia con las armas superaba la mía con creces. Una vez finalizado el combate, apareció la persona que andábamos buscando, un hombre vestido de negro, con pelos grises y andrajosos, y unos ojos que denotaban un poder sobrecogedor. El hombre nos chilló que éramos secuaces de Strahd!
Entrada en formato audio: 30. Una oscura invitación

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