36. La manada busca a Ireena
10/04/2024
Ireena se lanzó a nuestros brazos cuando nos vio, y todos nos alegramos enormemente del reencuentro. Le pidió a Corvus que cuando terminasen de reconstruir el santuario, a ver si podría consagrar el templete, para que cada ciudad tuviese como mínimo un lugar consagrado, a lo que Corvus aceptó encantado.
También nos dijo que había pensado, que como Krezk era la ciudad donde veía a la gente más feliz, seguramente por estar bien protegida, y además ser la ciudad más alejada del Castillo de Strahd, podríamos intentar unificar a los habitantes de las tres ciudades de Barovia en Krezk. Esa idea no pareció gustarle inicialmente a Dimitri, puesto que sufría por si dejaban entrar algún espía de Strahd, pero comentamos que quizás se podría levantar una segunda muralla alrededor de Krezk, y construir así una ampliación de la ciudad, que sería donde vivirían los nuevos llegados. Parece una idea complicada de llevar a cabo, pero si al final se consigue creo que sería muy útil, aunque tampoco sé si Strahd lo permitiría.
Luego nos dirigimos a la Abadía con Rudolph, y allí conseguí intercambiar la barra de cobre que me había dado Dimitri, a cambio de la estatuilla dorada que tenía uno de los engendros quiméricos. Más tarde descubrimos que solo con llevar esa estatuilla cerca, le otorgaba cierta protección al portador!
Al salir del edificio de las celdas, el Abad, acompañado de Basilka, salió a nuestro paso e intercambiamos algunas palabras con él. Lo más preocupante es que le dijo a Rudolph que sabía que se estaba escondiendo tras un disfraz, pero que podía estar tranquilo, que no diría nada. Esperemos que esté tan loco como para no avisar a Strahd de que Rictavio no es quien dice ser...
Volvimos a casa de los Krezkov, donde nos ofrecieron un plato caliente que agradecimos mientras esperábamos noticias de nuestros alados compañeros. No nos hicieron esperar demasiado, puesto que justo después de comer apareció un cuervo que parecía querer que saliésemos con él. Una vez solos, nos explicó que habían visto salir del cubil de los licántropos a un grupo numeroso, así que emprendimos la marcha. Mientras nos acercábamos, los cuervos nos indicaron que se encontraban en la torre Khazan, así que fuimos hacia allí, eran unos 15, y parecían estar buscando algo. Como nuestra primera idea era entablar conversación con ellos, dejamos a Rudolph a un lado como factor sorpresa, y junto con Corvus y Esmeralda nos acercamos abiertamente hacia ellos.
Nos explicaron que estaban buscando a Ireena por órdenes de Strahd, y parecieron confundir a Esmeralda con ella. No les rectificamos esa idea, podría venirnos bien en un futuro, nosotros les pedimos que nos dijesen donde estaba Ilía, y nos explicaron que estaba en el cubil con el resto de la manada. La conversación no tardó en ir de mal en peor, así que Corvus les pilló por sorpresa lanzando una bola de fuego, que consiguió terminar con la vida de varios lobos.
Al momento se lanzaron todos hacia nosotros, rodeándonos rápidamente, puesto que nos superaban en número. Varios de ellos se transformaron en licántropo, así que Corvus se vio obligado a lanzar otra bola de fuego, esta vez dirigida a Kyrill y a otros hombres lobo, pero estos eran más duros y ninguno calló. Esmeralda atacó con fiereza a su líder, que parecía aguantar estoicamente sus embestidas. Yo estrené mi hacha de guerra impactando con su relámpago a varios hombres lobo, pero no conseguí derrotar ninguno. Entonces los lobos, que nos tenían rodeados, y que centraban sus ataques en mí y en Corvus, consiguieron hacerle caer inconsciente. Era un momento muy complicado. Nuestros ataques no conseguían hacer caer ningún hombre lobo, y recibíamos muchísimos ataques a la vez. Corvus estaba derrotado y Rudolph me preguntó qué debíamos hacer. Yo creía que lo mejor era huir y sanar nuestras heridas, pero tampoco veía el modo de hacerlo. Si recogía a Corvus y salía huyendo, recibiría innumerables ataques de lobos y licántropos que seguramente no podría aguantar, además eran más rápidos que nosotros. Yo quería intentar atacar a su líder, por si su derrota podía sembrar el miedo en su jauría, pero estaba rodeado, así que utilicé el poder de Lathander para realizar un paso brumoso y aparecer justo detrás de Kyrill. Aproveché para lanzarle dos estocadas de mi espada plateada, y el filo pareció penetrar profundamente en su carne, aunque seguía aguantando de pie.
Como Corvus ya había caído, las salvajes criaturas arremetieron contra mí, pero sus garras y colmillos no consiguieron penetrar mi pesada armadura. Justo en ese momento, Rudolph, que estaba más al norte luchando con un par de ellos, usó un artefacto mágico y consiguió sanar a Corvus, que se levantó rápidamente, momento en el que aproveché para pedirle a mi compañero que me lanzase una bola de fuego. Como estaba rodeado de enemigos, pensé que podía ser una buena idea para herirles de forma masiva. Corvus se extrañó, pero no dudó y ejecutó su hechizo. Como ya me lo esperaba, conseguí proteger mi cuerpo de la mayor parte del impacto, y mi ascendencia dracónida también me protegió del fuego, así que solo resulté levemente herido por su magia. Quien no consiguió aguantar en pie, fue el líder del grupo, que cayó quemado a mis pies. Sus secuaces lanzaron unos últimos ataques, antes de huir hacia su cubil de nuevo.
Entrada en formato audio: 36. La manada busca a Ireena

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