40. Entramos al castillo de Ravenloft
14/05/2024
Antes de salir de Vallaki, pasamos por la posada para vestirnos y aproveché para comprarle una botella de vino del Dragón a Nanika. Tenía pensado tomarnos esa botella con Luvash el vistani, aunque de camino al castillo, pensé que quizás lo mejor sería ofrecérsela a Strahd, quizás si seguimos su "juego", nos permita tomarnos más libertades en su castillo y podamos conseguir algo más de información.
Durante el camino hacia el castillo, todo fue sorprendentemente tranquilo, no tuvimos en ningún momento la sensación que hasta entonces siempre habíamos tenido de que había siempre alguien espiando nuestros movimientos. Parece que la palabra de Strahd de que estaríamos a salvo el día de su invitación, era cierta.
Al llegar a la gran puerta custodiada por las enormes estatuas, nos encontramos a Rahadin, el mayordomo de Strahd, que nos estaba esperando con su carroza. Entramos en ella, y encontramos un paquete que contenía un par de capas negras de terciopelo con decoraciones plateadas, y dos pares de guantes a juego, sin duda un obsequio por parte de nuestro anfitrión. Aunque Corvus no quiso ponerse esos complementos, yo sí lo hice.
Tras pasar un largo puente de piedra, llegamos al castillo Ravenloft, que coronaba un escarpado acantilado por sus cuatro orientaciones. Una vez dentro de la fortaleza, le pedí a Nieve que investigase por el patio, aunque más tarde me informó que no pudo ver ni oír absolutamente nada interesante. En el interior del castillo, un par de vampiros nos estaban esperando, los presentaron como Escher y Sasha, dos de los consortes de Strahd. Rahadin se despidió, informando que se iba a ayudar a preparar al conde. Corvus le puso a prueba, pero quedó claro que el elfo estaba muy orgulloso de ser el principal ayudante de Strahd. Nos quedamos con los vampiros, quienes nos hicieron subir por unas escaleras, las cuales también se dirigían hacia abajo, desde donde subía un gélido aire.
Escher parecía estar compitiendo con Sasha, seguramente para ganar posiciones en la escala de consortes de Strahd. En cambio, Sasha parecía no querer cometer ningún error, se le notaba que tenía miedo.
Durante nuestra subida por las escaleras, aproveché que iba el último para ir abriendo las puertas de los distintos pisos por los que íbamos pasando.
En el primer piso, me encontré con una habitación hecha un desastre, llena de papeles garabateados y libros por el suelo. Pero lo que más me sorprendió, fue un viejo que estaba encadenado a una mesa, que no se sorprendió al verme, y siguió escribiendo como si nada hubiese pasado. Recogí un papel del suelo y vi lo que parecían cuentas contables del castillo, lo único que dijo el hombre fue que no le desordenásemos la habitación. En medio de la habitación, una cuerda caía del piso superior mediante un pequeño agujero en mitad del techo.
En el segundo piso, la puerta que me encontré tenía unos engravados, al abrirla encontré lo que parecía una antesala con otra puerta al fondo con los mismos engravados que acababa de ver. En ambos laterales de la puerta, escondidas entre sombras, un par de figuras parecían ocultarse entre la penumbra. La antesala parecía no haberse limpiado en años, tenía muchísimo polvo, telarañas, ...
Al llegar al tercer piso, se terminaron las escaleras, aunque había otras escaleras de caracol que empezaban justo al lado. Escher y Sasha nos comunicaron que esa era su estancia, y entraron en la habitación.
En el recibidor del piso, había un cuadro de Strahd, que parecía seguirnos con la mirada constantemente. En el suelo, una trampilla que al abrirla vi que su agujero era muy profundo y totalmente oscuro, y del mismo tamaño que la propia trampilla. ¿Qué utilidad tendría? Detrás, había una alfombra, que al levantarla para ver si había algo interesante debajo, algo me tocó la mano, pero no conseguí ver nada ni nadie.
Cuando entramos en la habitación, el consorte nos informó que deberíamos esperar allí a que Rahadin nos viniese a buscar para la comida. Pasamos a otra habitación donde había una cama y un par de butacas, y allí me fijé que mis guantes estaban muy sucios de polvo, ¿cómo podía ser?, hasta entonces habíamos visto todo completamente impoluto por allí donde habíamos pasado (exceptuando las dos habitaciones que yo había abierto), entonces fue cuando nos fijamos que simplemente era todo otra ilusión creada por Strahd. Parece realmente ducho en este arte de los espejismos.
Salimos de la habitación con intención de ver si podíamos mirar de explorar de algún modo el castillo, pero la conversación se terminó torciendo, Sasha comentó que Strahd era su marido, y Escher le golpeó el brazo, lo que provocó que Corvus le mostrase su disconformidad por sus actos y el vampiro se vio obligado a disculparse de mala gana. La tensión del momento hizo que el consorte nos dijese que fuésemos bajando hacia el comedor, aunque aún no nos había venido a buscar Rahadin. Durante el descenso por las escaleras, en un momento en que Escher estaba distraído, Sasha le dio un pequeño papel a Corvus en el que se podía leer: "No todos aquí son vuestros enemigos".
Una vez abajo, nos hicieron pasar a un comedor en el que su mesa estaba preparada de una forma fastuosa. Pudimos ver y escuchar como Strahd estaba tocando una bonita melodía con un piano que estaba situado al final de la sala. El vampiro, nos explicó que apreciaba lo que habíamos estado haciendo por Barovia, y nos agradeció, por ejemplo, que evitásemos que los druidas destruyeran el viñedo. Eso nos desconcertó, porque nosotros pensábamos que era Strahd quien movía siempre los hilos, pero nos desveló que ese acto, en concreto, había sido orquestado por Ludmilla, otra de sus consortes.
Entrada en formato audio: 40. Entramos al castillo de Ravenloft




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