44. Liberamos la Abadía
17/06/2024
A nuestra llegada a la Abadía, nos salieron a recibir los Belview que guardaban las puertas, y nos dejaron pasar hasta la capilla reconvertida a comedor donde se encontraba el Abad y la gólem Vasilka.
Después de recibir el agradecimiento del Abad por haberle llevado el vestido que nos había solicitado, Corvus trató de convencerlo para que terminase con la vida de los engendros que mantenía encarcelados, pero eso no le sentó nada bien al prior, que decidió mostrar su verdadero aspecto, transformándose en el Deva que Strahd nos había informado. Un ser alado de aspecto poderosísimo se mostraba delante de nosotros.
Su transformación nos pilló algo desconcertados, y se lanzó rápidamente contra mí, aunque, por suerte, pude reaccionar y parar con mi escudo sus dos ataques de su gloriosa maza. Después, decidió alejarse de nuevo fuera de nuestro alcance, aunque antes conseguí impactarle con un buen hachazo cuyo resultado hubiese podido tumbar a otros enemigos, pero él parecía ni inmutarse.
El Abad ordenó a Vasilka que se alejase a un lado, y el gólem obedeció sin mediar palabra, como siempre.
Esmeralda le lanzó un proyectil mágico, y Rudolf una llama sagrada, que no parecieron producirle demasiado daño al alado ser.
Corvus decidió bendecirnos para ayudarnos durante el combate, y yo, al no poder acercarme a él, decidí lanzarle un par de jabalinas que se fueron terriblemente desviadas. El deva se lanzó con fiereza hacia Rudolf, y consiguió dejarlo inconsciente gracias a unos mazazos brutales, como nunca antes habíamos visto.
Justo entonces entraba por la puerta el gólem carcelero, se nos complicaban las cosas, pero Esmeralda le lanzaba su oleada de ataques y empezaba a debilitarlo.
Corvus sanó a Rudolf, y yo lancé otro par de jabalinas que esta vez sí lograban impactar al ser alado. El abad decidió lanzarse contra mí, dejándome bastante malherido. El gólem intentaba lanzar a Esmeralda al suelo, pero ella lograba esquivar grácilmente sus ataques, para luego seguir haciéndole tajos a su enorme cuerpo.
Corvus decidió lanzarle una bola de fuego a la criatura celestial, cuyo rebote contra las paredes de la abadía pareció reforzar su daño, pero el abad seguía en pie.
Después de algunos ataques más, conseguimos derrotar al carcelero, y cuando parecía que el Deva empezaba a mostrar signos de debilidad, Corvus logró convencerle para que abandonase el combate y huyese con Vasilka. Por un lado, entiendo la decisión de Corvus, pero por otro espero que no se nos vuelva a nuestra contra.
Una vez sin el Abad en la Abadía, subimos un barril de vino de su despensa y lo envenenamos con el frasco que habíamos recogido de los druidas en el viñedo. Le pedimos a Clovin, el Belview de dos cabezas, que se encargase de distribuirlo entre los encarcelados, y pareció alegrarse con la idea de matar a sus "familiares". Vamos a darles un voto de confianza a esos tres Belview, pero por supuesto que si cometen algún acto de maldad, serán juzgados como cualquier otro.
Entrada en formato audio: 44. Liberamos la Abadía
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