50. La Orden del Dragón Plateado

 12/09/2024


Después de acabar con los renacidos y comenzar a explorar el primer piso, vimos que el techo estaba parcialmente derrumbado, dejando entrever nubes de una tormenta que se avecinaba. Lo más impactante que descubrimos fue un trono tallado en la forma de un dragón con sus alas desplegadas. Sentado en él, distinguimos una figura que empuñaba un enorme espadón. ¿Sería esa la espada llameante que estábamos buscando?

Al entrar en la sala, el ser, que resultó ser otro renacido, se levantó lentamente de su trono y se volvió hacia nosotros. Nos ordenó que abandonáramos el lugar, pero cuando le dijimos que éramos enemigos de Strahd y que nuestro propósito era acabar con él, nos instó a abandonar esa idea. Nos confesó que odiaba a Strahd con toda su alma, por haber matado a Argynvost y al caballero que amaba. Sin embargo, se negaba a permitir la muerte de Strahd, creyendo que su sufrimiento eterno era un castigo merecido. No queríamos enfrentarnos a otro enemigo de Strahd, así que optamos por dejar la sala, aunque antes noté que el mango de su espadón tenía la forma de un dragón con las alas extendidas. No parecía ser la espada llameante que andábamos buscando, la que perteneció al hermano de Strahd.

Decidimos seguir explorando la planta y, en una de las salas, encontramos un cuadro rasgado que representaba la mansión de Argynvost. Al unir las piezas, una imagen de un dragón plateado se materializó en la sala. El dragón nos reveló que no podría descansar en paz hasta que sus huesos fuesen devueltos al lugar donde correspondían. Además, una extraña magia en el tapiz hizo que brillara el punto más alto de la torre de la mansión, y el dragón nos aseguró que, si conseguía descansar en paz, su luz disiparía las tinieblas de Barovia como un faro en la oscuridad.

Más adelante, tras otra puerta, encontramos a seis renacidos más. A diferencia de los que se enfrentaron a nosotros en la capilla, estos no nos atacaron de inmediato. Uno de ellos se presentó como Sir Godfrey y nos narró la trágica historia de los caballeros de la Orden del Dragón de Plata: cómo vigilaban la maldad del Templo de Ámbar, cómo perdieron la guerra contra el astuto general Strahd, y cómo la muerte de Argynvost y la destrucción de la Orden llevaron a Vladimir a la locura. Su odio lo consumió, y su sed de venganza lo convirtió en un renacido, atrapando en su maldición a otros caballeros de la Orden. Sir Godfrey nos explicó que, si logramos devolver el cráneo de Argynvost a su lugar, podríamos restaurar el honor de la Orden y liberar las almas de la mayoría de los renacidos, salvo la de Vladimir, cuya alma parecía más allá de cualquier redención.

Sabíamos ya dónde debíamos llevar el cráneo, pues habíamos leído en el mausoleo del cementerio, que allí era el lugar de reposo de los restos de Argynvost. También conocíamos el paradero del cráneo: la habitación maldita construida por Volenta y Cyrus en el castillo de Strahd. Lo complicado sería robar el cráneo sin que Strahd lo supiera... o al menos, sin morir en el intento. Continuamos explorando la mansión hasta que, en uno de los pasillos, un gran muro de piedra apareció de repente, bloqueando nuestra salida. De la nada, surgieron varios caballeros espectrales listos para atacarnos. No queríamos enfrentarlos, pues además de que podría ser un combate letal, sabíamos que ellos no eran nuestros verdaderos enemigos. Decidimos saltar por la ventana. Por fortuna, los espíritus no nos siguieron.

Entrada en formato audio: 50. La Orden del Dragón Plateado

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