60. Respuestas Veladas por el Tiempo
25/11/2024
La lucha contra el slaadi fue un caos cuidadosamente orquestado, y aun así nos exigió más de lo que estábamos dispuestos a admitir. Ezmerelda me protegió con un hechizo, confiando en que podría bloquear la puerta y mantener a la criatura a raya. Por un momento, creímos haber encontrado una estrategia eficaz, pero el slaadi tenía otros planes. Se desvanecía en el aire como un susurro y regresaba con furia, lanzándonos bolas de fuego que dejaban el aire cargado de cenizas y el eco de explosiones. Finalmente, tras un intercambio de golpes y conjuros, logramos abatirlo. En esa misma sala, tres vestigios nos aguardaban, susurros de poder que deshicimos con firmeza antes de que pudieran tentarnos.
Con eso resuelto, nos encaminamos al corazón del templo: el Gólem de Ámbar que protegía el tesoro. La criatura era implacable, pero juntos conseguimos doblegarla. Entonces, enfrentamos el dilema del botín. Gemas, joyas y artefactos de incalculable valor llenaban la sala. ¿Deberíamos tomarlo? ¿Era justo despojar a un templo maldito? La respuesta nos llegó más rápido de lo que esperábamos: solo yo cargaría con el peso, literalmente, mientras el grupo permanecía cauteloso. Dejamos atrás monedas y un cráneo ornamentado que parecía más peligroso que valioso. Cargué los tesoros en Nieve, y con una mezcla de avaricia y justificación moral, seguimos adelante.
En nuestra exploración llegamos a una grieta que desembocaba en una sala amplia. Vestigios nos aguardaban, junto a cajas polvorientas que Corvus señaló como antiguos lechos. Quizás, sugirió, habían servido a secuaces del lich. La idea no era reconfortante, especialmente en nuestro estado de agotamiento. Decidimos no tentar al destino y continuar con cautela, aún buscando un rincón seguro donde descansar fuera del frío implacable de la montaña.
El comedor nos recibió vacío, como si los espíritus que habíamos enfrentado antes nunca hubiesen existido. Sin embargo, queríamos asegurarnos de que nada maligno quedara sin erradicar. Probamos devolver el jarrón verde a su lugar, esperando provocar de nuevo su aparición. Funcionó. Los espíritus volvieron, pero esta vez, Corvus estaba listo. Con la fuerza de Lathander de su lado, los destruyó con una resolución que parecía iluminar incluso la penumbra del templo.
Finalmente, llegamos a una habitación peculiarmente ordenada. Allí, un esqueleto de ojos rojos, con la apariencia de un mago, nos invitó a entrar. Su voz era amable, casi mundana, aunque su aspecto era cualquier cosa menos tranquilizador. Decía no recordar mucho, y aunque sospechábamos que se trataba del lich, su cortesía nos desarmó. Nos advirtió que no tocáramos su libro, y la confusión en sus palabras reforzó la teoría de que estaba atrapado en algún tipo de amnesia. Corvus y yo intercambiamos una mirada cargada de significado. Ambos sabíamos que la magia divina de Rudolph podría ser capaz de restaurar la mente fracturada de la criatura. Era un pensamiento tan prometedor como inquietante, pues devolverle sus recuerdos bien podría despertar algo mucho más oscuro de lo que ya teníamos ante nosotros.
Nos despedimos sin tomar una decisión, aunque el dilema seguía latente mientras nos dirigíamos a la salida del templo. Afuera, el frío de la montaña nos esperaba, tanto en el aire como en nuestras dudas.
Entrada en formato audio: 60. Respuestas Veladas por el Tiempo


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