61. Luz en la Oscuridad
25/11/2024
Cuando regresamos a la habitación del lich, lo encontramos sumido en la misma niebla mental que lo había envuelto antes. Sus ojos, dos carbones encendidos en un cráneo eterno, no mostraban rastro de reconocimiento. Decidimos cumplir lo que habíamos planeado y, con un gesto solemne, Rudolf invocó el poder divino para sanar su mente. Las palabras del conjuro resonaron en la habitación, y al terminar, vimos cómo el hechizo surtía efecto. La criatura titubeó, como un anciano despertando de un sueño interminable. "Soy Exethanter", dijo al fin, su voz profunda llena de ecos antiguos. Nos pidió más sanación, esta vez para su cuerpo. Pero, conscientes del peligro, declinamos su solicitud.
Recobrada su mente, Exethanter comenzó a hablar. Nos contó que había sido el guardián de los poderes oscuros sellados en el templo. Aquellos magos de antaño, visionarios y temerarios por igual, habían confinado fragmentos de un poder oscuro y desmesurado en bloques de ámbar resistente.
Nos señaló la existencia de una biblioteca en la sala contigua. "Un vasto repositorio de conocimiento", la llamó, aunque sus tomos estaban protegidos por un encantamiento que ocultaba su contenido. Solo con una palabra clave, que Exethanter compartió con nosotros, los libros revelarían su saber. Ezmerelda, intrigada, preguntó si podría copiar conjuros útiles, pero pronto quedó claro que quedarnos allí durante horas era un riesgo demasiado alto. Habíamos liberado ya a muchos de los vestigios que Exethanter había custodiado durante siglos, y temíamos que, si descubría la verdad, su gratitud se tornaría en furia.
Partimos del templo con un peso en el corazón. No habíamos destruido todos los bloques de ámbar, el mago chacal seguía desaparecido, y, lo peor de todo, habíamos restaurado la mente del custodio de aquel poder oscuro. Si cometimos un error, solo el tiempo lo dirá.
Nuestro siguiente destino fue Krezk. Queríamos comprobar cómo progresaba la transformación de la Abadía para acoger a los refugiados, pero también había otro propósito más urgente: restaurar la espada solar. Durante el camino, encontramos el cuerpo congelado de Vilnius. Le quitamos el medallón mágico que había encontrado en el templo, un objeto que podría sernos útil. Corvus aprovechó el trayecto para estudiar el tomo de sabiduría que habíamos recogido.
Cuando llegamos a Krezk, visitamos al burgomaestre y le entregamos parte del oro del templo, un gesto que podría ayudar a los desesperados de Barovia. La Abadía estaba llena de actividad; las celdas habían sido adaptadas para familias, y el progreso era evidente. Sin embargo, la ausencia de los Belview, que se habían marchado sin aviso, dejó una sombra de inquietud. Esperábamos que su partida no trajera nuevas calamidades.
En el templete junto al estanque, vimos una estatua de madera dedicada a nuestro amigo Belwyse, con su búho tallado en el hombro. El aire parecía pesar más bajo el cielo crepuscular, igual que aquella tarde fatídica en que lo perdimos. Cuando sumergimos la empuñadura de la espada en las aguas del estanque, sucedió algo extraordinario: un filo de luz emergió, puro y afilado, como si la espada respondiera al llamado de una antigua promesa. Su poder era palpable, y con él, también su ansia de justicia... o venganza.
Decidimos pasar la noche en la Abadía. Era un refugio de calma donde Corvus podría seguir con sus estudios. Pero la tranquilidad no duró. Al caer la noche, ruidos inquietantes llegaron desde el campanario. Al investigar, encontramos a Rahadin, acompañado de las consortes de Strahd y otros vampiros. Era un grupo aterrador, la encarnación misma del peligro. Sin amedrentarnos, los enfrentamos verbalmente, y Rahadin declaró que Strahd estaba harto de nosotros. "Entregad la espada solar", dijo, "o enfrentaréis su ira". Durante la tensa conversación, oí pasos provenientes de la habitación de Ireena. Fui rápidamente a advertirle que se ocultase.
Al final, negamos tener la espada, y la comitiva se marchó, contrariada pero con amenazas veladas de represalias inminentes. La noche, sin embargo, se sentía más oscura que nunca, y sabíamos que el tiempo de enfrentarnos a Strahd se acercaba.
Entrada en formato audio: 61. Luz en la Oscuridad

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