62. Arranca nuestra ofensiva final por Barovia
16/12/2024
Por la mañana nos despertamos con los primeros destellos del alba, y ya fuese por la cercanía de la familia Krezkov o por las experiencias que habían marcado nuestro viaje, descubrimos que nuestros tatuajes habían cambiado. Los símbolos de fuego en el brazo de Corvus se habían extendido, dibujando un mapa ardiente que, según él, le permitiría convocar otra esfera de fuego devastadora. En mi caso, los tatuajes se hundieron bajo mi piel, transformándose en una fuerza latente y permanente que parecía haberse fundido con mi esencia.
Mientras aún digeríamos estas sorpresas, un cuervo negro apareció en la ventana, su mirada fija e insistente. No era un cuervo cualquiera, sino Urwin Martikov, el posadero. Transformado, nos trajo noticias sombrías. Ludmilla, consorte de Strahd, había visitado a Lady Fiona, la burgomaestre de Vallaki. Entre susurros y alianzas oscuras, el Conde había roto el pacto inicial y exigido la entrega inmediata de dos mujeres. Una era Lady Lydia Vallakovich, la esposa del antiguo burgomaestre; la otra, Nanika, la posadera. Ante esta amenaza, la familia Martikov tuvo que abandonar inmediatamente la posada, tratando de ocultar su licantropía mientras escapaban. Urwin también nos contó que Luvash había sido relevado como líder de los Vistani, dejando claro que tampoco podríamos depender de su ayuda.
Con estas noticias pesando sobre nosotros, decidimos buscar refugio en la torre de Khazan. Allí, Rudolf compartió una inquietud: creía que el truco de la invisibilidad frente a Strahd probablemente solo funcionaría una vez. Conscientes de su potencial, trazamos un plan. Decidimos que usaríamos la invisibilidad para entrar en el castillo de Ravenloft, pero antes, consagraríamos un santuario como distracción. Rudolf, mientras tanto, simularía dirigirse hacia otro santuario para despistar a nuestros enemigos.
Al salir de la torre, nos encontramos con un hombre acompañado de una jauría de lobos, enviados por Strahd para exigir la espada Solar. Pero Corvus, con su ingenio afilado como un cuchillo, los engañó asegurando que habíamos quedado con el Conde que se la entregaríamos personalmente. El truco surtió efecto, y pudimos regresar a Krezk sin incidentes.
Durante nuestra estancia, Corvus no se apartó del tomo que estudiaba en la Abadía, mientras yo ayudaba a Ireena e Izek con la adaptación de las celdas, haciendo que se volvieran hogares para algunas familias, visitaba el templete de Belwyse y charlaba con la familia Krezkov.Al cabo de unos días, cuando Corvus terminó de estudiar el tomo, partimos hacia el primer santuario que habíamos decidido consagrar, cerca del molino.
Allí, en el centro del círculo de menhires, realicé un corte en mi antebrazo mientras invocaba el nombre de la Rozana Cazadora, siguiendo las instrucciones del anciano druida. El cielo se oscureció, y de la tierra surgieron no muertos amenazantes. Corvus, invocando el poder de su fe, los destruyó en un instante. Pero la consagración no había terminado. Una segunda oleada emergió del suelo, acompañada de una figura que reconocimos de inmediato: la hija de Morgana, la bruja que nos había escapado en el molino. Con ella, otra bruja de igual poder apareció, conjurando hechizos devastadores.
La batalla fue feroz, pero finalmente salimos victoriosos. La niebla comenzó a disiparse dentro del círculo, y el lugar quedó consagrado. Sentí cómo una fuerza protectora surgía de la tierra y se aferraba a mí, fortaleciendo mi espíritu. Sabía que Strahd, ya furioso por la espada Solar, ahora nos odiaría aún más por haberle arrebatado uno de sus poderes.
Tras curarnos con la magia de Rudolf, nos subimos a su carruaje. Mientras él y Nieve ponían rumbo al segundo santuario, Ezmerelda nos envolvió en el hechizo de invisibilidad. En silencio, descendimos del carro y nos encaminamos hacia el corazón de la sombra: el castillo de Ravenloft.
Entrada en formato audio: 62. Arranca nuestra ofensiva final por Barovia

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